La fiscalía se equivocó otra vez con la prensa y la violó


Eran las tres de la mañana mientras dormía plácidamente en mi casa ubicada en la carrera Córdoba de Ituango, Antioquia, cuando escuché unas voces de personas en la calle que me despertaron, seguidamente golpes de puertas, gritos y luego un estruendo que me preocupó; entre la bulla escuché que gritaban “abran, abran, somos el CTI de la Fiscalía”. 
Tras la algarabía decidí levantarme para averiguar lo que sucedía; unos segundos después sentí que golpearon mi puerta, algo diferente a un toque común que utilizamos los ciudadanos de bien. 
Eran golpes acompañados de gritos que repetían “abran, abran que somos el CTI de la Fiscalía”. Como es lógico y tras las recomendaciones dadas por la Unidad de Protección, en mi calidad de periodista no abrí; fue entonces cuando a través de un golpe seco irrumpieron violentamente en mi vivienda.

De inmediato aparecieron unos individuos con chalecos anti balas y gorras del CTI que gritaron “quieto, tírese al suelo, hijueputa, por que no abría la puerta”. Para estos insultos respondí: no le abro la puerta a extraños, es la recomendación de la Unidad de Protección, soy periodista y no un delincuente.

Esta explicación no fue suficiente, dado que me obligaron a tenderme en el piso, mientras me apuntaban a la cara con una pistola, ante la mirada impotente de mi compañera sentimental Karla Giraldo que les gritaba con lágrimas y voz de mujer enojada: “¿por qué se lo llevan, si él es un periodista? Verifiquen bien”.

Mi hijo Alejandro Cartagena, quien duerme en el cuarto de al lado se levantó asustado y llorando les preguntaba “que le van a hacer a mi papa, déjenlo quieto que él es un hombre honesto y trabajador” con mi rostro enterrado en el piso y las manos en los hombros, escuché que los hombres susurraban.
Pensé entonces que era mi hora final. Uno de los “agentes del orden” regresó y me solicitó de manera grosera que me incorporara y me sentara en el mueble junto a mi compañera y mi hijo, fue enfático en que no me podía levantar, el agente regresó al piso inferior. Eso lo deduje por la bulla que se presentó en este sitio. Luego aproveché para llamar al director de corresponsales de Teleantioquia Noticias, Daniel Palacio, mi jefe inmediato, quien recomendó conservar la calma mientras se esclarecían los hechos.


 Confundieron a Cartagena 

Minutos más tarde regresaron “los agentes del orden” y de inmediato solicité a mi compañera sentimental, Karla Giraldo, que grabara con la cámara de su celular estos hechos. Uno de los agentes le solicitó a Karla que apagara la cámara porque era una diligencia de allanamiento en varios pisos del edificio. Esta solicitud la acompañó con las palabras “por las buenas”. Traté de hablar y le dije que ella era prensa libre, freelance,  que podía grabar, sin embargo el agente aseguró que no se podía, con mucha la presión y dolor le pedí a mi compañera que apagara la cámara.

 El agente me aseguró que los daños serían pagados, que la puerta se arreglaba luego de una denuncia, pero le correspondía al arrendador. Dañaron  una obra de arte original, pintura al óleo con marco antiguo, que  dañarondurante el operativo y tiene un gran valor artístico, es invaluable. 

El agente aseguró que también la pagarían, luego me prometió que me daría toda la información necesaria para realizar un reportaje frente a estos hechos, además me solicitó que firmara un documento en el cual constaba que no se había realizado registro a mi vivienda, dado que no la requisaron.



Procedí a firmar el documento, sin embargo nunca se me brindó la información para el reportaje. Sobre esta situación quedan varios interrogantes: ¿Por qué se realizan este tipo de operativos en todo un edificio? ¿Es normal que adivinen el sitio de residencia de varios ciudadanos, al parecer, implicados irrumpiendo en sus viviendas? ¿Se puede hacer un allanamiento o registro simultáneamente a la misma persona en varias direcciones de residencia? ¿Dónde queda el derecho a la privacidad? ¿Dónde está el derecho a la intimidad? ¿Por qué utilizar palabras groseras como “hijueputa” al momento de ingresar a las viviendas? ¿Será que los periodistas no pueden grabar mientras se realiza este tipo de operativos como lo manifestó el agente? ¿Por qué hacer operativos a las 3 de la madrugada a comerciantes que trabajan sin descansar, cuando se puede llegar hasta el negocio y hacer la captura sin agresiones ni actos violentos?

Ituango ha sido estigmatizado en muchas ocasiones, ha sido re victimizado, la impunidad ha reinado en este territorio, las armas ocupan el sitio de los estudiantes y los libros. El miedo es un factor común, los autores intelectuales de las masacres perpetradas por los paramilitares en complicidad con la fuerza pública aun deambulan en el mundo de la política. El pueblo pone las víctimas y el terrorismo de estado se evidencia en los niños afectados sicológicamente, las puertas destrozadas, los falsos positivos y hasta los periodistas amenazados. ¿Hasta cuándo seguirá esta situación? ¡Que susto! Pensé que me iban a matar…







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Navidad y agosto para la prensa

 Periodistas que se arrodillan, que anticipan cada pregunta con un doctor en un tono de una pasmosa sumisión, que piensan más en la pauta que en la información que van a transmitir y que vieron en este oficio la oportunidad de negocio para ganarse la vida con la lengua y un poco de reportería,  en este caso serían los maestros de la lagartería. Esto es a lo que denominamos como periodismo de estómago. 

Ya no tienen dignidad, ni les interesa tenerla porque si donde está la noticia no hay patrocinio, no estará el sujeto. Lo más fácil es decir:  ¡ahhh es que como allá no hay pauta ¿para qué voy a ir? A menos de que haya un desayuno, lo más sorprendente es que ese es el anzuelo de los comunicadores para atrapar a los peces, que en este gremio son flacos.

El amor al periodismo, al profesionalismo o al don de escudriñar en busca de la verdad a costa de sacrificar placeres, dinero y comodidad quedó relegado en Antioquia, sobre todo, si de los personajes de radio hablamos, que como cosa rara, tienen al gremio con la reputación más baja y el estigma de que al periodista con un buen refrigerio se transa. 

Una pobreza es muy dura, nadie sabe qué necesidades tenga el otro y cuando las obligaciones apremian el hombre agacha la cabeza. Pero aquí migraron los rapaces que ‘sobremueren’ con las migajas que les dan desde las administraciones, van en bandada como unos 20 pisoteando todo, comiendo lo que se encuentran y pidiendo pauta para intentar pagar la renta.

Periodismo de estómago

El modus operandi es simple: ser un mercachifle. La parte más dura, y no lo niego, es vender la patria ¿Cómo? Con el rabo entre las patas mendigando patrocinio a los concejales, a los diputados, a la Alcaldía, a la Gobernación o a cualquier entidad pública que los sostenga para que la información sea manipulada y pase por el filtro del que te moldeará la ética. Es una bajeza moral- sin yo ser moralista- ser un títere de la información es engañar a la sociedad, y si se es capaz de enriquecerse mofando al pueblo quién sabe de cuántas cosas más.

Por eso esta es una carta abierta al ciudadano para estar alerta y con todos los sentidos despiertos para no admitir la información tal cual llega de los medios, hay que analizarla, tiene que pasar por un proceso de decantamiento.  Si El Espectador está a favor de un candidato liberal, La Patria estará a favor del conservador. Si Semana tiene una guerra declarada contra el Centro democrático, El Colombiano que es el contrapeso la emprenderá contra la vertiente santista. Se viene una época de elecciones y una agenda cargada de contradicciones, la imparcialidad de la información de pende del ojo crítico del lector,  y por supuesto, en la pluralidad de las noticias es donde únicamente encontrará la verdad.

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¿Lupe un candidato firme para votar?



Autor: Escritor de Prensa Paisa Nocturna

El adalid de la pobreza

Luis Pérez es la mejor opción para la Gobernación de Antioquia porque tiene los mejores asesores: del Papa Francisco aprendió su humildad, del Pepe Mujica entendió su forma de hacer política y de Gandhi estudió su filosofía. Ahí él que haya sabido de su gestión años atrás inmediatamente pensaría: “Él que no lo conozca que le compre”.
Ese es el candidato que lidera las encuestas ¿pero de qué le sirvió tener los mejores asesores al candidato más cuestionado? El hombre del pueblo que se vende como el adalid de lo popular, él que creó el Banco de los Pobres y él que tuvo un modelo social se controvierte con sus chascarrillos de mal gusto cuando pasó por la Alcaldía de Medellín, dejando una huella muy lucrativa y sin austeridad a esta que presentó.

Rebobinemos un poquito el casete: Aquella sencillez  del Papa Francisco se perdió cuando pretendió comprar una vajilla de 90 millones de pesos para Empresas Públicas de Medellín con recursos públicos; todos sabemos ser muy generosos con lo que no nos sudamos, pero desangrar el erario de esa manera es una imagen muy diciente de su humildad. 


Detente corazón que si ese gasto casi provoca un infarto, el asombro sí llegó cuando por medio de paramilitares, como lo aseguró “Don Berna” de su administración, se hizo con la Operación Orión en la que organizaciones de derechos humanos afirmaron que hubo 11 muertos y 70 desaparecidos, si bien, este accionar logró sacar a las milicias de la comuna 13, fue en ese momento cuando murió la filosofía de Gandhi a la No Violencia. Pero ahí  el desatino a sus asesores no termina, porque Mujica anda en un Volskwagen fusca 1987, mientras él que se hace llamar su discípulo anduvo tieso y parejo recorriendo las calles de la ciudad con una motocicleta Virago estilo Harley Davidson.
Así y todo el hombre de la opulencia en actos contrasta con la sencillez que promulga en sus palabras. Al mismo tiempo, los medios le hacen la venia porque con él, por más que deje un déficit como en la anterior Alcaldía de 160 mil millones por derrochón, les dará de comer mejor a los medios.

 Esperamos este balance: bien por los medios que obtendrán más beneficios para llenar sus estómagos tan amplios, mal por la libertad de expresión que lo adulará. Bien por los lagartos que podrán llenar de elogios a la autoridad de las proezas antagónicas, mal por los ciudadanos de a pie que no saben en qué se invierten los impuestos tan altos que pagan mes tras mes.

Al déficit confesado de 40 mil millones de pagos se le sumó la liquidez del estado financiero del municipio, al igual que a los contratos que se comprometieron de antemano en su administración saliente.  La ciudad quedó llena de obras inconclusas –hay que reconocer que algunas son necesarias y su cualidad fue ser un visionario- pero el señor que hace votos de pobreza, invirtió pensando en la tacita de plata y no en la imagen que le muestra a la opinión pública.

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Un periodista de Colombia que peleó, solo, contra tres grandes monstruos


Cinco lecciones de un acoso judicial

La amenaza de ir a la cárcel es uno de los demonios modernos que asustan a los periodistas. Dos artículos del Código Penal colombiano, el 220 y el 221, establecen prisión de entre uno y cuatro años para quienes cometan los delitos de injuria y calumnia.La injuria se presenta cuando una persona hace afirmaciones deshonrosas respecto a otra. La calumnia se da cuando alguien dice que otra persona cometió una conducta atípica, como un delito, por ejemplo. El objetivo de aquellos artículos parece loable, pues busca respetar la honra de las personas. Pero, al mismo tiempo, esas normas están lesionando el fundamental derecho a la información que prima en la democracia.
 

Los periodistas cargamos a cuestas la bellísima e indispensable labor de informar. Cuando hacemos investigación, buscamos tres objetivos básicos. El primero, hacer pública información a la que no puede acceder cualquier ciudadano. El segundo, ayudarles a los ciudadanos a entender la realidad que rodea su vida cotidiana. Y el tercero, llamar al poder, cualquier que sea, a que rinda cuentas cuando sus actos y sus decisiones afectan a la sociedad.

La credibilidad de nuestro trabajo se basa en nuestra capacidad de recoger y entregar información que cuente detalles de los hechos y sus contextos. Mientras más precisión haya en cuanto a nombres, fechas, lugares y cifras, más creíble será el trabajo periodístico.

En esa labor que nos corresponde a los reporteros aparecen nombres de personas llamadas a rendir cuentas y a apretar clavijas para que las cosas mejoren. Pero la moda es tomar aquellas peticiones que se hacen desde el periodismo como una afrenta. Entonces viene la ley penal a actuar a favor de quien se considera ofendido y prefiere evitar el escrutinio público. Esto es lo que llamamos acoso judicial.

Con este contexto, y con mi camiseta de reportero puesta, quise informar en el 2011 sobre las cuestionadas prácticas del médico Carlos Alberto Ramos Corena. Él había sido denunciado públicamente y ante las autoridades judiciales por algunas pacientes que afirmaron y ratificaron que se habían sometido a procedimientos estéticos con él y que sus cuerpos habían quedado lesionados. Incluso, los familiares de una paciente que murió después de una cirugía plástica señalaban al médico Ramos como el responsable del procedimiento sin acreditar los conocimientos necesarios.
No creo que mi intención requiera mayor explicación. Hacer públicos aquellos hechos buscaba simplemente que la situación que corrigiera, que no siguiera pasando y que los poderes implicados rindieran cuentas y ejecutaran acciones para corregir lo anormal.

Pero en un hecho inesperado e inusual, terminé yo en el banquillo de los acusados, literalmente. Después de documentar los hechos, envié información a la revista Semana, medio en el que trabajaba en aquel entonces, diciendo que “un médico general logró fama y reconocimiento como cirujano plástico”. En el proceso de edición y corrección colectiva que practica la revista a los textos antes de su publicación, la información que envié se modificó. Lo que salió impreso y en la edición digital de Semana fue que “un hombre sin tener título de médico se convirtió en uno de los cirujanos plásticos más consultados de Medellín”.

El médico denunció a la revista Semana ante la Fiscalía por aquella información que consideró injuriosa. La revista le informó a la Fiscalía que yo había sido el responsable de las afirmaciones. La Fiscalía me imputó el delito de injuria el pasado 16 de junio. Y el 12 de julio, la revista Semana publicó una rectificación en la que reconoce que el error fue suyo y no mío.

De este proceso que me ha quitado el sueño durante varias noches he sacado algunas lecciones.

La justicia es miope. La fiscal 197 de Bogotá, Margie Bustamante Serrato, me imputó cargos por el delito de injuria. Con su decisión quedé yo más cerca de un ‘carcelazo’ que el médico denunciado por sus pacientes. En todo este contexto, la vista de la funcionaria enfocó mejor la afirmación injuriosa y no la situación que había de fondo.

Además de miope, la justicia es ligera, por no decir mediocre. Los conocedores que consulté me hicieron énfasis en que para imputarme cargos por injuria debió agotarse primero la etapa de la conciliación. Es decir, la fiscal debió llamarnos al médico y a mí para que intentáramos resolver la controversia sin desgastar el sistema judicial. Eso nunca pasó. Jamás recibí una citación de la fiscal para conciliar.

Esta situación se le puso de conocimiento a la juez de control de garantías en la audiencia del 16 de junio, para que declarara la nulidad del proceso. La fiscal dijo que sí me había enviado comunicaciones escritas y la juez le creyó de oídas. Hasta ahora desconozco a qué dirección me envió comunicaciones la fiscal, pues no he tenido acceso al expediente y en la Fiscalía me advirtieron que solo podré enterarme cuando me acusen como delincuente.

Tengo muy claro que el pasado abril personal del CTI me buscó en una universidad donde soy profesor de cátedra. Me citaron para que hiciera lo que llaman diligencia de arraigo, que consiste en dejar mis datos para que me encuentren. Cumplí con ese deber, como corresponde, y hasta la fecha no he recibido comunicación alguna de la Fiscalía en la dirección que dejé registrada. No sobra llamar la atención sobre lo difícil que resultó para el ente acusador encontrar a un periodista en Medellín. Curioso, al menos, si se tiene en cuenta que, como periodista, soy una persona medianamente visible y fácil de localizar.

Cómo se blinda un periodista cuando investiga. A pesar de lo tormentoso que ha sido esta situación para mi familia y para mí, nos dio bastante tranquilidad el soporte de la información que guardé con juicio durante todo este tiempo. Eso me ha permitido tener claro siempre que puedo demostrar que no fui yo quien hizo la afirmación desacertada sobre el médico Ramos Corena. Además de tener una abultada carpeta con información que compromete al médico, conservo los soportes de la información que envié al medio de comunicación en su momento. Aún guardo los correos de cuando propuse el tema el 26 de septiembre de 2011 y de la información definitiva que envié el 11 de octubre del mismo año. Allí consta que siempre dije que Ramos Corena era médico. Regla para aplicar ahora y siempre: guardar soportes de todo.  

La soledad de los periodistas frente a los medios. Los medios pueden jugar a favor de los periodistas mientras trabajen en ellos, pero una vez termine la relación contractual, las empresas informativas pueden volverse victimarias. Cuando un reportero se retira del medio puede dejar deudas pendientes con la justicia que debe asumir corresponsablemente con la empresa. Pero, como parece que ocurrió en mi caso, el medio puede intentar desembarazarse de la situación judicial responsabilizando únicamente al reportero. Vale decir que finalmente la revista Semana terminó asumiendo su responsabilidad y se comprometió a hacer gestiones para que la Fiscalía me excluya del proceso penal.

Nunca confíes en un editor. Esta frase no es mía. Aparece en una escena de la película ‘Los secretos del poder’, pero ilustra bastante bien la situación de los reporteros de cualquier rincón. No logro entender qué hay en la mente de un editor cuando modifica un texto para hacerlo ‘llamativo’, ‘atractivo’ o ‘que interese al lector’. Lo que sí tengo claro es que, con lo que estoy viviendo y lo que les ha ocurrido con otros colegas, un editor puede poner en riesgo la libertad e incluso la integridad de un reportero. La situación es paradójica en Colombia. Nuestra realidad es tan irregular y llamativa, que no necesita exageraciones para que despierte interés.

Los periodistas y la ciudadanía somos uno solo. Cuando empezó este lío judicial contra mí, hace un par de meses, sentí que estaba solo frente a tres grandes monstruos: la Fiscalía, la revista Semana y el médico Carlos Ramos Corena. Pero gracias a colegas que se encargaron de correr la voz respecto a mi situación y algunos que muy solidariamente la hicieron pública, el cuento se regó y despertó un insospechado respaldo en redes sociales. Este masivo apoyo se convirtió en mi herramienta más fuerte para afrontar este lío. Más personas de las que imaginé criticaron la actitud de la revista Semana, cuestionaron a la Fiscalía y se enteraron de las irregulares actuaciones del médico Ramos Corena, el más interesado en ocultar los hechos.

Aquel respaldo significa para mí una responsabilidad inmensa porque me creyeron personas que ni siquiera me conocen. Que sea esta una nueva oportunidad para agradecerles. Ahora lo que tengo que hacer es dejarles siempre claro que no se equivocaron. Creo que la confianza se dio por la mera razón de que actué del lado de los ciudadanos y no del poder, como me corresponde en mi labor de periodista.

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Denuncia de falsos positivos de la Fiscalía en Medellín



Por: Juan Carlos Betancur




La empleada del servicio en compañía de mi tía quería apoderarse de las cosas que nos dejó mi padre al morir. Mi hermana va a la casa de mi padre para que esa señora entregara la casa pero en medio de la confusión aporrearon a mi hermana. Por eso subí y arremetieron, en mi contra, cuando empezó el forcejeo, se me sale el revólver y yo lo cojo de la cacha ella intenta quitármela,  realiza un disparo y muere mi familiar. Sin saber que la culpable fue otra persona me privaron de la libertad.



¿Si esto le hacen a una persona que se sabe defender, acusarla sin pruebas, qué podrá esperar el resto de la sociedad? La Fiscalía en cabeza de la delincuente Liliana Arias Duque y hoy apoyada con la otra delincuente Arias Uribe.

Escondieron los documentos y abusaron de su poder por más de 7 años en Antioquia y hoy que busco mi libertad a si esta sea condicional, me trata cual perro de porquería y callejero.

Con lo que no contaban, esos delincuentes judiciales, es con mi tesón y verraquera. Yo padecí lo insufrible en la cárcel de bellavista, pero mi lucha por sacar adelante la verdad, fue la gasolina que me abastecía día a día. Con una voluntad infranqueable y ante la arremetida brutal y de intimidación de las mencionadas. Logre que con fecha 12 de junio de 2015, el Doctor William Fernando Garzón Méndez, del departamento de criminalística, grupo de química de la Fiscalía General de la Nación, al igual que el Doctor Néstor Alfonso Segura Mora, Dirección general y archivo externo, certifican, que la prueba de guantelete o de absorción atómica para residuo de pólvora en mano fue negativa.

Pareciera que la persona que murió no murió de un disparo si no que murió de un fuerte regaño, de la risa, o de tristeza. Es verdad una persona murió de un disparo, pero el arma que le produjo su muerte, no fue accionada por mí.

Cuanto me gustaría que usted y su grupo periodístico he investigativo, tomaran acción en este caso y me pudieran colaborar jurídicamente, ya que desconfió de todo el mundo, con el fin de demostrar que la justicia que hoy decimos tener, es solo una burla que destruye familias y si es que se logra demostrar su error, cuanto será el dinero que le tocaría pagar, para reparar su hierro. Pero ustedes más que nadie sabe la clase de estratagemas y porquerías que usa la justicia para evitarse quedar en ridículo.

Por mi propia seguridad y la de mi familia, es que les pido a ustedes que mi caso se conozca, porque eso garantizaría mi seguridad, no sé si me quedaría en este país o si debería salir por que han sido constantes y reiteradas las amenazas a las que he estado sometido.

Lo invito a usted y a quienes quieran conocer la verdad, soy coloombiano, soy de bien, lean cada uno de los documentos y las otras pruebas que intenta esconder la fiscalía en su afán de presentar un positivo judicial, pero como ve es otro falso positivo.

Es sus manos está mi seguridad y la posibilidad que mi problema judicial se difunda, para que no se vuelva a producir, ya que esta práctica es completamente arbitraria y viola de nuestras garantías constitucionales.

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La libreta de Osorio se mojó y nadie le ayuda a secarla


Autor: Wilmer Zuleta

El Prtofe Osorio si se va no sería echado, saldrá por la puerta GRANDE como Zubeldía para su ataúd y como Maturana para el Valladolid de España, así con la lo elimine el Cali; mientras que otros entrenadores se fueron en tanquetas y amenazados de muerte, él Profe de la Libreta se irá porque un gigante de Sudamérica lo que quiere a como dé lugar (São Paulo de Brasil).

Lástima que acá en Colombia algunos no valoren a un científico del fútbol como Juan Carlos Osorio, que tiene más estudios y mejor currículo académico que el mismo Pep Guardiola, como lo dijo Presidente del tricolor paulista Carlos Miguel Aidar. Si el Profe Osorio se queda en el verdolaga tendrá todo mi apoyo y si se va tendrá todo mi agradecimiento (más un libro de mi autoría en honor a su era en el verde paisa).
 
¡Muchas gracias, Mister Libreta, la gente agradecida de nuestra hinchada jamás te olvidará, no sólo por ser el que más Copas nos dio en el palmarés, sino porque nos enseñaste a pensar el fútbol de otra manera, nos modernizaste y nos sacaste de la oscuridad de que para ganar hay un solo camino! 














Por: Gustavo Osorio 


No se puede ser injusto, ni zaherir al 'profe' sobretodo cuando pueden ser los últimos días que lo tengamos en Medellín, porque la brújula y su porvenir podrían estar por tierras Brasileras en donde lo tienen en mejor concepto que muchos de los hinchas, que injustamente gritan en coro: " fuera Osorio" como si 6 títulos se consiguieran al soplar y hacer botellas. 

Seguramente si Osorio se va, algunos de los que hacen el coro se arrepentirán cuando llegue un hombre que pida tiempo para hacer un proceso, así sea a mediano plazo y entonces empezarán a añorar a un hombre ganador al que le pusieron el 'Inri' de por vida: por la famosa rotación y porque el equipo no jugaba bonito siempre. Aunque la eterna discusión de si prefieren títulos o simplemente jugar bonito y seguramente los hinchas se inclinarían por lo primero.

 El solo hecho de ser el primer opcionado para dirigir un equipo de la estirpe de Sao Paulo. Y algo más: ponerlo en un podio por encima de Guardiola por currículo no por logros. Porque este último tiene un palmares único en Europa, pero en competencia, Osorio tiene más bagaje y creo que esto no tiene discusión si realmente se sabe diferenciar las palabras utilizadas por el presidente del equipo Paulista


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